LA
ESCUELA DEL DOLOR
e
esta pequeña-gran historía también hace lo suyo...
Recibí una extraña carta en los tiempos en que empezaba
a golpear la puerta de mi propio corazón. Y en mi calidad de
novato del "club" no supe prestarle la debida atención.
Pero la Providencia, en su permanente vigilancia frente a la computadora
del "todo en su momento", volvió a teclear en mi destino.
Y la misiva y la fotografía que le daba color salieron a mi encuentro
en una de las frecuentes escaramuzas libradas en el archivo.
Fue entonces, al trasluz de la experiencia, cuando aprecié la
intensa pureza de aquel diamante de papel.
El mensaje procedía de un remoto y desconocido paraje en la provincia
cubana de Matanzas. Lo firmaba, con una reposada caligrafía,
el maestro del pueblo. Y lo hacía - según rezaba el manuscrito-
por orden de un tal Samuel.
Breve y enigmático, como mero porteador, se limitaba a señalar:
"... Y puesto que usted tiene en mente escribir sobre el dolor
y el sufrimiento, le aconsejo que , antes, visite al amigo Samuel...".
Emparejada con la contundente cuartilla aparecía, como digo,
la foto de una casita de una planta. Mejor dicho, de su rústica
fachada. Y sobre la puerta, pintado a mano, un cartel con la siguiente
y desconcertante leyenda:
" ESCUELA DEL SUFRIMIENTO
NO SE COBRA, HORARIO CUANDO USTED PUEDA
SAMUEL (LICENDIADO EN DOLOR)"
Las
dudas me atormentaron durante meses.
¿Quién era aquel insólito "licenciado"?
¿Cómo podía saber que la "nave nodriza"
me preparaba para escribir acerca de tan delicadas cuestiones? ¿
Por qué se manifestaba a través de una segunda persona?
¿Estaba ante un loco o un iluminado?.
Naturalmente, sólo había una forma rápida y eficaz
de resolver el rácimo de enigmas.
Y una mañana de abril, tras cruzar el lujurioso valle del Yumurí,
fui a presentarme ante el maestro de su escuela. Pero el providencial
y anciano intermediario se mostró tan críptico y misterioso
como en su carta. Y se negó a darme explicaciones.
-... Mejor será que vea y juzgue por sí mismo.
Y solícito me guió hasta los confines de una aldea de
juguete.
Allí, tumbada entre las blancas columnas de un palmeral, reconocí
al punto la fachada de adobe y el cartel de la fotografía:
".... SAMUEL (LICENCIADO EN DOLOR).
Y el suspense redobló en el tambor del pecho del viajero.
.¡ A la paz de Dios, don Efrén y la compaña! Pasen
ustedes...
Aquel cayado sarmentoso y enlutado resultó ser la madre de Samuel.
Don Efrén ( nombre supuesto) ensayó unos pasos en la penumbra.
Un quinque de petróleo, con su laborioso y amarillo tartamudeo,
y un cañón de luz, disparando desde un ventanuco sin cristal,
fueron poniéndome al corriente de los inquilinos y enseres capitales
que animaban la mas increíble " escuela" jamás
vista por este trotamundos.
Una únia y espartana estancia. Suelo apisonado por el ir y venir
de la pobreza. Una mesa aquejada de cojera. Un simulacro de alacena,
burlando inexplicablemente la ley de la gravedad. Platos y pucheros
desconchados sin derecho a jubilación. Agua del Yumurí
en un campanudo lebrillo, con su particular tormenta de mosquitos. Un
calendario con vistas a la utopía: la sonora y turquesa luz de
las playas de Varadero. Un cuadro con la imagen de la Virgen- muñeca
de la Caridad del Cobre, con el oro , el manto, y los cuernos de la
luna transmutados por la alquimia de los años. Una somnolienta
silueta de un perro, tíbia y estratégicamente bañado
por el cañón de luz. Dos achacosas sillas de anea, de
pie en el silencio. Y en la última pared, simulando verticalidad,
una litera de dos camas que alguien robó al mar.
Y en lo alto del maredamen, unos ojos voladores contagiados del prieto
verde de los manglares.
-...Le presento a Samuel.
¡Dios! Efrén hablaba con razón: "... vea y
juzgue por sí mismo".
Y los ojos de Samuel, como una galaxia embotellada, radiaron un saludo.
Después creí oír un hilo de voz.
¡Dios! ¿Cómo era posible?.
Samuel: cuarenta años
¡Dios!. ¡Y cuarrenta años en aquella litera , paralizado
de los pies a cabeza!.
Sólo la mirada y la voz habían sido perdonadas.
Samuel "licenciado en sufrimiento" por todas las universidades
interiores.
Y en aquel instante dieron comienzo mis "clases particulares"
en torno al dolor: otra "asignatura pendiente" que tampoco
figura en el bachillerato.
Y en compañía de otros "alumnos"- desahuciados,
tullidos, ciegos, viudas, desesperados, y demás vasallos de la
miseria-; tuve el privilegio y la fortuna de aprender sufrimiento desde
el mismísimo sufrimiento.
Y allí supe, sobre todo, del "porqué" del padecimiento
humano.
Allí , los universos aparcados en un hilo de voz me enseñaron
a traducir el aparentemente inútil idioma de las lágrimas.
Una semana después, al despedirme, lo hice como Dios y mi corazón
me dieron a entender: besando con veneración al destacado socio
del "club de la mágica Fe"
Y sus ojos voladores me acompañan desde entonces.
Meses más tarde, don Efrén enviaba una postrera carta.
Con una caligrafía incomodada por la tristeza me comunicaba la
muerte de Samuel.
La noticia se presentó coloreada por otra fotografía.
En la imagen reconocí emocionado la casita de adobe y su puerta,
a juego con el encalado-esperanza.
El viejo y familiar cartel había sido reemplazado por otro de
similar porte, pero de contenido bien distinto.
Escrita igualmente a mano, la leyenda anunciaba:
"ESCUELA DEL SUFRIMIENTO
CERRADA POR RESURRECION.
SAMUEL SE HA LEVANTADO Y ANDA DE PALIQUE CON DIOS"
del
libro "mágica fe" de J. J. Benitez dedicado a todos
los amigos sordos, lo he escrito yo para que lo conocierais, ¿qué
pensais?
HAXTUR