LA
MONJA ALFÉREZ
n
1592, 1595 según otros autores, nacía en San Sebastián
- o Easo o Donostia, como prefieran mis lectores- Catalina de Erauso,
hija de familia hidalga -por algo era vasca- pero pobre.
Su padre a los cinco años la recluyó en un convento, último
refugio para muchachas sin dote y de familia que ,según costumbre
de la época, no consideraba digno el trabajo. A los quince años
escapó de lo que ella consideraba una prisión, y que sin
duda lo era pues no tenía vocación de monja, y vestida
como muchacho se presentó en Vitoria donde entró al servicio
de don Francisco de Cárdenas, quien estuvo siempre lejos de sospechar
que el muchacho que le servía era la hija de su amigo el señor
Erauso.
Un día éste fue a visitarle y Catalina, que se había
presentado como sobrino de Erauso, huyó en dirección a
Valladolid. Tras mil peripecias se encaminó a Sevilla en donde
se enroló como soldado en las compañías que iban
a América con el nombre de Alonso Díaz y Ramírez
de Guzmán.
El barco en que viajaba se hundió frente a las costas americanas.
Se salvó Catalina - o Alonso, como prefieran- con un cofre de
madera que contenía los sueldos de la tripulación. En
Paita fue acogida por un tendero que, viendo que sabía leer y
escribir, le encargó la contabilidad de su negocio. En una riña
hirió a uno de los clientes de la tienda y fue detenida. Una
prima del herido que se había enamorado más o menos de
ella, creyéndole hombre, le ayudó a escapar. En una lancha
se internó en el mar por un galeón español que
la devolvió al continente, pero en sitio alejado del de sus aventuras
Se enroló como soldado en una compañía que por
una de esas cualidades que raramente se dan en la vida, estaba bajo
el mando de Miguel de Erauso, su hermano. Obvio es decir que no la reconoció.
En una emboscada india cayó el alférez que portaba la
bandera y Catalina la recogió y luchó abrazada a ella
hasta que el ataque de los indígenas fue rechazado.
Por éste hecho su propio hermano, en nombre del rey de España,
la nombró alférez portaestandarte de los ejércitos
de España y de las Indias.
En una riña callejera desenvainó la espada una vez más,
y junto con un compañero se las tuvo tiesas contra cuatro atacantes.
Venció pero fue herida y tuvo que refugiarse en un convento de
frailes. Huyó para que no descubrieran su sexo y fue recogida
por una muchacha, Juana de Valcárcel. La madre de ésta,
encantada con el alférez, le propuso el matrimonio con su hija.
Huyó otra vez y fue detenida por la justicia que la condenó
a muerte.
Ya estaba en el cadalso con la soga al cuello cuando el presidente de
La Plata le salvó la vida a ruegos de la viuda de Valcárcel
y su hija. Escapó una enésima vez y recaló en La
Paz.
La Paz con su nombre a Catalina. Apenas hubo llegado, la esposa del
corregidor pidió su ayuda contra su marido que la tenía
por adúltera. La Historia no dice si con razón o sin ella.
A las primeras de cambio tuvo, como de costumbre, que desenvainar la
espada contra la autoridad en defensa de una dama. Huyó con ella
y fue perseguida a trabucazos hasta Cuzco en donde Catalina cayó
herida gravemente. Haciendo un gran esfuerzo subió las escalinatas
del palació episcopal gritando:
- ¡Auxilio! ¡auxilio!. ¡Imploro la protección
del señor obispo!.
Y cayó desmayada.
Allí se descubrió el verdadero sexo del alférez
Alonso Díaz y Ramírez de Guzmán. Allí terminó,
de momento, su vida aventurera.
El obispo se hizo explicar por Catalina su vida y sus aventuras y, no
sabiendo qué hacer ni qué solución tomar, decidió
mandarla a España con una carta para el rey.
Corria el año 1624, reinaba en España Felipe IV quien
había leído con fruición el informe del obispo
de Cuzco. Quiso conocer a la heroína del relato, quien se presentó
al monarca como Catalina de Erauso , alférez portaestandarte
de los ejércitos de España y de las Indias.
Al rey le gustó esta presentación y que ojalá España
tuviese muchos soldados como ella; pero a la petición de volver
al servicio y vestir de hombre respondió que ello no le correspondía
y que sólo el Papa le podía dar el permiso correspondiente.
A Roma fue pues Catalina y rogó al Papa, a la sazón Urbano
VIII, autorización para vestir de hombre, petición que
le fue concedida merced a la recomendación del rey de España.
Bajo el nombre de Antonio de Erauso volvió a embarcar hacía
América acompañada de un fraile llamado Nicolás
de Renteria.
Según unos murio hacia 1635 o 1645 , unos dicen que murio trabajando
de arriero, otros que murio en una riña, en realidad desapareció
sin dejar rastro.
HAXTUR